doctrina

La democracia como proceso de deliberación colectiva. El discurso público en la Atenas Clásica

El objetivo de este trabajo es proponer la posibilidad de pensar la democracia como un proceso de deliberación colectiva, en contraposición a un mero resultado de agregación de preferencias individuales.
Tomando en cuenta que la toma de decisiones es un proceso complejo en el cual el agente debe ponderar entre varias alternativas y dar razones para realizar una u otra acción, se revisa de qué manera la teoría política moderna da cuenta de esta complejidad.La tradición contractualista más democrática intenta responder esta pregunta de dos maneras: buscando un consentimiento subyacente al acuerdo político que permitiría la vida en comunidad, por un lado; o intentando legitimar las decisiones políticas a posteriori, preocupándose de asegurar la posibilidad del
ciudadano para deliberar sobre las decisiones que el poder toma. Pero se evalúa que ambas propuestas son insuficientes para explicar la naturaleza de la deliberación, y esa insuficiencia teórica tiene como correlato práctico una opinión pública totalmente separada del funcionamiento de las instancias resolutorias estatales.
Se propone que la democracia ateniense pueda ser un buen punto de partida para investigar en qué sentido una forma de organización es un proceso de discusión comunitaria.
Para ello se trata la aparición del logos, o la mediación del discurso, según se aprecia en la figura de los sofistas, y en las comedias de Aristófanes que ridiculizan la asamblea, la filosofía y los tribunales populares. La separación entre retórica y dialéctica hecha por Platón reconoce también este hecho, al oponerlas como prácticas para elegir a la segunda sobre la primera.El objetivo de esto es mostrar que el discurso no es tan relevante como la organización que él adoptaba: existe una cierta articulación política que le entrega un poder inusitado al discurso, que convierte a la persuasión en un problema para algunos. La hipótesis es que la razón de esa inesperada fuerza está en los principios que operaban en la sociedad ateniense, es decir, en las condiciones materiales donde se ejercía la persuasión. Cada uno de los tres principios, comprendidos como formas de igualdad, se contrastan con el entendimiento de sus equivalentes modernos. La isonomía, o igualdad ante las normas, denotaba la facilidad de intervenir para todos por haber pocos presupuestos de conocimiento y experticie en la deliberación. La isocracia, o igualdad en el poder, reflejaba una forma de ciudadanía activa que otorgaba poder dentro de la particular organización de la polis ateniense, donde la ciudadanía tenía implicancias económicas fuertes. Finalmente la isegoría, o igualdad de palabra, implicaba comprender que cada votante era a la vez un potencial orador, y que cada uno hablaba por sí mismo. Estos tres presupuestos permitieron que la democracia fuera un proceso de deliberación colectiva, más que una mera votación que arrojaba resultados. Por último, se observa cuál es el significado que tiene la democracia en su modalidad moderna, que es la representación y la consecuente enajenación del poder público.

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