La criminalización del espacio público.El imparable ascenso de las “clases peligrosas”

En  este  artículo  se  defiende  que  los movimientos  sociales  nacidos  en  las  últimas  décadas,  como  signo  de  resistencia  frente  a  los  avances de un capitalismo cada vez más avaro, han pasado a ser  la  nueva  clase  peligrosa  bajo  una  racionalidad punitiva   que   difiere   poco   de   las   anteriores.   La preocupación de los poderes públicos se orienta, una vez más,hacia una represión indiscriminada que les alcanza  a  ellos  y,  bajo  su  representación,  a sectores sociales  enteros  que  se  han  ido  incorporando,  casi sin intuirlo, a los usos políticos de la tolerancia cero. Se  trata,  también  esta  vez,  de  garantizar  la  inmunidad de los espacios públicos, crecientemente privatizados   y   controlados,   ahora   frente   a cualquier disidencia   colectiva   que   denuncie   la   injusticia inherente a los retos de la globalización económica o la irresponsabilidad política de unos estados que han abominado de sus funciones de provisión social. Las nuevas  leyes  españolas  de  reforma  penal  de  los delitos   de   atentado   y   desórdenes   públicos   y   de seguridad  ciudadana – que  han  entrado  en  vigor recientemente -se  convierten ,  según  argumenta  la autora, en  los  instrumentos  idóneos  para  esa  criminalización.

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